¿Estás viviendo el duelo por la muerte de tu bebé?
Aquí encontrarás información dirigida a mujeres, parejas y familias que están atravesando el duelo por la muerte de su hijo o hija durante la gestación, el parto o el período neonatal. Este espacio busca acompañarte y orientarte en las distintas decisiones que pueden surgir en este momento, ofreciendo información clara sobre las posibilidades y opciones disponibles en los diferentes ámbitos del proceso.
Sabemos que cada experiencia de duelo es única y que muchas decisiones deberán ser conversadas con el equipo de salud que te acompaña. Al mismo tiempo, es importante que sepas que en nuestro país existe una legislación vigente —la Ley Dominga— que reconoce y resguarda los derechos de madres y padres en situación de duelo perinatal, y que establece el deber de las instituciones de salud de asegurar un acompañamiento respetuoso y pertinente.
Aunque atravesar este proceso puede resultar profundamente difícil, esperamos que contar con esta información y apoyo pueda ayudarte a transitarlo de una manera más cuidada. Si sientes que necesitas un acompañamiento adicional, nuestro equipo cuenta con profesionales especializados que pueden acompañarte, respetando tus tiempos, tu historia y tu forma particular de vivir este duelo.
Recibir la noticia de la muerte de tu bebé
Si estás leyendo este espacio, es probable que hayas recibido recientemente la noticia de que tu bebé ha fallecido o enfrenta un pronóstico de vida limitado. Queremos comenzar enviándote un abrazo sincero, con la esperanza de que estas palabras puedan acompañar, aunque sea en parte, las emociones que suelen aparecer en un momento como este.
Es frecuente que este período esté marcado por un estado inicial de shock, en el que todo puede sentirse irreal, confuso o difícil de comprender. En ese contexto, tomar decisiones puede resultar especialmente complejo, sobre todo cuando la noticia llega de manera inesperada y no lograste retener toda la información, hacer preguntas o comprender completamente lo que se te explicó en ese momento.
Queremos recordarte que nunca es tarde para volver a preguntar, incluso más de una vez, acerca de las alternativas y opciones disponibles para transitar este proceso. También es posible que, al contar con nueva información, decidas optar por un camino distinto al considerado inicialmente. Aceptar que un hijo o hija deseado no vivirá es una experiencia profundamente dolorosa, y el equipo de salud tiene el deber de responderte —o responderles— con paciencia, respeto y claridad.
La pena, el enojo, la confusión y otras emociones intensas forman parte de este proceso. Así como es importante tomar decisiones respecto de los aspectos físicos y médicos, también lo es dar espacio a la expresión emocional y a la elaboración de lo que vas —o van— sintiendo. Ambos aspectos son igualmente significativos en este camino.
Procedimientos hospitalarios
Antes de las 22 semanas de gestación o cuando el peso fetal es menor a 500 gr
Cuando la muerte de un bebé ocurre antes de las 22 semanas de gestación o con un peso menor a 500 gramos, en el ámbito médico se utiliza el término aborto. Esta clasificación permite orientar los procedimientos y conductas clínicas que se pueden ofrecer en este contexto.
Antes de tomar cualquier decisión, es fundamental evaluar cómo te encuentras desde el punto de vista médico. Aspectos como tus signos vitales, exámenes, la presencia de sangrado activo, infección u otros riesgos para tu salud serán determinantes para definir las alternativas de manejo disponibles.
Dependiendo de la edad gestacional, una de las opciones posibles es la conducta expectante, especialmente en gestaciones menores a 12 semanas. Esto significa esperar a que el proceso se inicie de manera espontánea, sin el uso de medicamentos ni intervenciones médicas, permitiendo que el útero genere por sí mismo las contracciones necesarias para que ocurra el parto.
En muchos casos, este proceso puede vivirse en casa. En muchos casos, este proceso puede vivirse en casa de manera segura y cuidada. Para algunas personas, hacerlo en su propio espacio puede resultar más íntimo y respetuoso. Aun así, es normal que surjan dudas respecto de qué esperar, cuándo consultar o qué cambios forman parte del proceso. Por eso, es importante contar con información clara y saber a quién acudir ante cualquier inquietud. Si estás atravesando esta situación, es importante que no te vayas a casa sin haber recibido información clara. Pregunta todas las veces que sea necesario y, si es posible, solicita el contacto de un profesional que pueda orientarte durante el proceso.
Este proceso puede ser físicamente doloroso. Existen alternativas para aliviar el dolor, ya sea mediante medicamentos o a través de medidas no farmacológicas como calor local, masajes, aromaterapia, uso de balón u otras estrategias. Una vez finalizado el proceso, es importante realizar una ecografía para confirmar que el útero esté limpio y prevenir sangramientos posteriores.
Otra alternativa es el manejo médico, que incluye la administración de medicamentos como el misoprostol, los cuales permiten dilatar el cuello del útero y generar contracciones. Este manejo suele realizarse en un contexto hospitalario y, en algunos casos, puede requerir el paso a pabellón para realizar un legrado (raspado uterino) o una AMEU (aspiración manual endouterina). Es importante saber que este proceso no es inmediato y que también puede cursar con dolor, por lo que es válido y recomendable solicitar analgesia cuando sea necesario.
En algunos casos, el equipo de salud puede sugerir enviar los restos a estudio anatomopatológico. Si existe tiempo y espacio, también puedes pensar y conversar cómo te gustaría vivir este proceso y si deseas realizar algún ritual de despedida.
Después de las 22 semanas de gestación o cuando el peso fetal es mayor a 500 gramos
Cuando la muerte de un bebé ocurre después de las 22 semanas de gestación o con un peso igual o superior a 500 gramos, y no existe un riesgo vital inmediato para la madre, la recomendación general es favorecer un parto vaginal.
Sabemos que la idea de parir a un hijo o hija que ha fallecido puede resultar profundamente abrumadora. En comparación, una cesárea puede parecer una alternativa más rápida o menos dolorosa desde lo emocional. Sin embargo, es importante considerar que esta no siempre es posible ni recomendable, especialmente pensando en la salud reproductiva futura y en eventuales embarazos posteriores. En este contexto, la recomendación suele ser intervenir lo menos posible y favorecer un parto fisiológico.
De todas maneras, cada situación debe evaluarse de forma individual, y la decisión final debe ser siempre respetada. Es fundamental que esta decisión se tome con información clara, tiempo suficiente y sin presiones externas.
Si se opta por un parto vaginal, el proceso generalmente incluye la administración de medicamentos para inducir las contracciones y la dilatación del cuello del útero, lo que puede tomar varias horas. Estos medicamentos son muy efectivos, por lo que es importante considerar desde el inicio la posibilidad de solicitar analgesia o anestesia si así lo deseas. En Chile, y gracias a la Ley Dominga, tienes derecho a estar acompañada durante todo el proceso.
Es importante saber que, aunque se elija inicialmente la vía vaginal, pueden surgir situaciones que hagan necesaria una cesárea. Independiente de la vía de nacimiento, queremos transmitirte que, aun en medio del dolor y la tristeza, la experiencia del parto puede ser significativa. Un parto en duelo puede ser una oportunidad para conocer a tu bebé, si así lo deseas, y para despedirte de él o ella de una manera respetuosa y amorosa.
Cuando el contexto lo permite, es posible elaborar un plan de parto acorde a tus deseos y necesidades. Algunos aspectos que puedes considerar son:
Manejo del dolor físico: puedes optar por medidas no farmacológicas como hidroterapia, calor local, masajes, aromaterapia y movimiento, o por anestesia regional como la epidural o combinada.
Recuerdos y rituales: si para ti es importante, puedes solicitar apoyo para guardar recuerdos de tu bebé, como estampar sus huellas, guardar un mechón de pelo, tomar fotografías, vestirlo o conservar su pulsera de identificación. También es posible que familiares cercanos puedan conocer y despedirse de tu bebé, y que se realicen rituales religiosos si así lo deseas.
En algunos hospitales y clínicas existe la posibilidad de acceder a una caja de recuerdos. Si no está disponible, puedes reunir estos elementos y crear una en casa, en el momento que sientas adecuado.
No hay apuro. Este tiempo es valioso y único. No existe una sola forma correcta de vivir este proceso. Escucharte y tomar decisiones basadas en información clara es lo más importante. Si tienes dudas, pregunta las veces que sea necesario.
También es importante conversar con el equipo de salud sobre posibles estudios o exámenes a tu bebé que puedan aportar información sobre lo ocurrido, especialmente pensando en gestaciones futuras.
En relación con los trámites legales y funerarios, cada institución cuenta con protocolos específicos que deben explicarte paso a paso. De manera general, se debe realizar una inscripción en el Registro Civil y obtener el pase de sepultación correspondiente para luego coordinar con la funeraria.
En algunos hospitales y clínicas del país existe la posibilidad de acceder al programa Dignifica del Parque del Recuerdo, que ofrece apoyo funerario en estos casos.
Legislación vigente
Legislación vigente en Chile
En Chile existen actualmente dos leyes fundamentales relacionadas con el duelo gestacional, perinatal y neonatal: la Ley Mortinato y la Ley Dominga. Conocerlas puede ayudarte a ejercer tus derechos y a comprender qué puedes esperar del sistema de salud en estos contextos.
Ley Mortinato
La Ley Mortinato fue promulgada en Chile el año 2019 y modifica la Ley N° 4.808 sobre Registro Civil, creando además un catastro nacional de mortinatos. Esta ley permite la individualización, inscripción y sepultación de hijos e hijas fallecidos, independiente de las semanas de gestación o del contexto de la pérdida.
En concreto, esta ley establece que madres y padres pueden inscribir en el Registro Civil a sus hijos o hijas fallecidos con nombre y apellidos, reconociendo legalmente su existencia y su vínculo familiar.
Puedes informarte más sobre esta ley en el siguiente enlace:
https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1135245&tipoVersion=0
Ley Dominga
La Ley Dominga se encuentra vigente en Chile desde septiembre del año 2021 y tiene como objetivo asegurar un trato digno, empático y respetuoso a las mujeres o personas gestantes, padres y personas significativas que enfrentan una muerte gestacional o perinatal.
La ley señala que deben realizarse acciones concretas de contención y acompañamiento, y mandata al Ministerio de Salud a dictar una Norma Técnica que establece los procedimientos que los establecimientos de salud deben cumplir. Actualmente, todas las instituciones de salud se encuentran trabajando o implementando protocolos para garantizar su cumplimiento.
De manera concreta, la Ley Dominga establece, entre otros puntos, que:
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Los equipos de salud deben informar de forma clara, respetuosa y adecuada sobre el fallecimiento y los procedimientos a realizar.
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Se debe contar con asistencia inmediata y seguimiento multidisciplinario, incluyendo al menos matrona y psicólogo/a, y cuando sea necesario, psiquiatra.
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Toda pérdida debe ser reconocida, independiente de las semanas de gestación u horas de vida, registrando datos del nonato o neonato como nombre, sexo, peso, estatura y hora de nacimiento.
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Se debe procurar que las mujeres o personas gestantes no sean hospitalizadas en áreas de maternidad, evitando el contacto con recién nacidos.
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Se debe autorizar al menos un acompañante durante procedimientos como legrado, AMEU, inducción de parto o cesárea. Cuando el recinto lo permita, los controles posteriores deben realizarse en espacios o horarios protegidos.
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Se deben brindar espacios de contacto digno con el hijo o hija fallecida, permitiendo mirarlos, acunarlos y obtener recuerdos como fotografías o registros. En muertes del tercer trimestre, debe ofrecerse la opción de disponer de los restos.
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Se amplía el permiso laboral a siete días en caso de muerte gestacional y a diez días en caso de muerte neonatal.
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Las mujeres o personas gestantes con antecedentes de muertes perinatales deben tener acceso a acompañamiento especializado en duelo perinatal en gestaciones posteriores.
Si deseas leer esta norma de manera detallada, puedes descargarla en el siguiente enlace:
https://diprece.minsal.cl/wp-content/uploads/2022/04/Norma-Tecnica-y-Administratva-Ley-21.371-Dominga-publicado.pdf
¿Qué ocurre con mi leche luego del fallecimiento de mi bebé?
Tras la muerte de un bebé —tanto dentro como fuera del útero— la producción de leche puede aparecer igualmente. Vivir este proceso en contexto de duelo suele ser una experiencia compleja y muchas veces inesperada.
A pesar de lo frecuente que es, la producción de leche tras una pérdida sigue siendo un tema poco hablado y no siempre bien abordado por los equipos de salud. Contar con información clara te permitirá tomar decisiones informadas y respetuosas contigo misma, según lo que necesites y te haga sentido en este momento.
¿Por qué se produce leche?
Una vez que la placenta está formada —generalmente desde las 16 semanas de gestación— el cuerpo comienza a prepararse para la lactancia. Por ello, tras el fallecimiento de tu bebé, es posible que igualmente se inicie la producción de leche, aunque la forma y la intensidad pueden variar según la edad gestacional y si estabas amamantando previamente a otro hijo o hija.
En muertes más tempranas (habitualmente antes de las 20–22 semanas), suele aparecer primero calostro, una secreción espesa y amarillenta, en pequeña cantidad, durante algunos días. Posteriormente, puede producirse la llamada “bajada de la leche”, con mayor volumen y cambios en la temperatura y sensibilidad de los pechos.
Durante esta etapa es normal sentir calor mamario, tensión, molestias e incluso síntomas generales como sensación febril por algunas horas. Estos cambios suelen ser transitorios.
Supresión farmacológica de la lactancia
En algunos contextos hospitalarios, especialmente en muertes tempranas, es habitual que se administre un medicamento para suprimir la producción de leche sin necesariamente preguntar a la mujer o persona gestante su preferencia.
Es importante que sepas que esta decisión debe ser siempre tuya.
El fármaco más utilizado es la cabergolina, que actúa inhibiendo la prolactina (hormona responsable de la producción de leche). Para que sea efectiva, debe administrarse inmediatamente después del parto, y se da solo una vez. Si no se administra en ese momento, es muy probable que la producción de leche continúe su curso natural.
También es relevante saber que:
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En aproximadamente un 15% de los casos no es efectiva.
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No existe evidencia de que sea más segura o eficaz que la supresión fisiológica.
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Está contraindicada en personas con hipertensión, insuficiencia hepática o en tratamiento con ciertos fármacos psiquiátricos.
¿Qué opciones tengo frente a la producción de leche?
Desde el inicio del calostro y especialmente con la bajada de la leche, es importante que puedas decidir qué hacer. Existen distintas alternativas, todas válidas.
1. Supresión fisiológica (natural)
Consiste en permitir que la producción disminuya progresivamente al no estimular el pecho. Este proceso puede durar entre 2 y 3 semanas, dependiendo de cada cuerpo y contexto.
Recomendaciones:
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Evitar la estimulación innecesaria.
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Extraer solo pequeñas cantidades si hay dolor, únicamente para aliviar la congestión.
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No restringir la ingesta de líquidos.
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Usar frío local, sostén firme (sin comprimir), analgésicos o antiinflamatorios indicados por tu equipo de salud.
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Evitar duchas muy calientes.
2. Supresión farmacológica
Como se mencionó, la cabergolina es la opción más utilizada cuando se desea interrumpir rápidamente la producción. Debe evaluarse siempre de forma individual, considerando beneficios, limitaciones y contraindicaciones médicas.
3. Extracción y donación de leche
Para algunas mujeres, continuar con la producción y donar su leche puede ser una experiencia profundamente significativa y reparadora.
Diversos estudios muestran que el manejo fisiológico de la lactancia puede favorecer el proceso de duelo, dando sentido y permitiendo transformar esta experiencia en un acto de cuidado hacia otros bebés.
“Donar mi leche fue una forma de honrarla. Sentí que seguíamos haciendo algo juntas.”
La decisión es siempre personal. Si no estás segura de querer suprimir la lactancia inmediatamente, una opción es darte tiempo, observar cómo te sientes y decidir paso a paso.
En Chile, el Banco de Leche del Hospital Sótero del Río recibe donantes durante todo el año.
Contacto: bancodelechesotero@gmail.com
El proceso incluye:
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Entrevista con matrona
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Exámenes de sangre (VIH, VDRL)
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Evaluación de hábitos
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Coordinación de retiro de la leche en domicilio
Requisitos generales:
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Buen estado de salud
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Nutrición normal o sobrepeso
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No consumo de alcohol, tabaco, drogas o ciertos medicamentos
Congestión mamaria y mastitis
Durante este proceso puede aparecer congestión mamaria, que es fisiológica y transitoria, especialmente entre los 3 y 5 días posteriores al parto. Sin embargo, en algunos casos puede desarrollarse mastitis, una infección mamaria que requiere evaluación médica.
La mastitis suele manifestarse con:
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Dolor localizado
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Enrojecimiento y calor en una mama
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Síntomas similares a la gripe
¿Qué hacer?
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Favorecer un vaciamiento suave, sin sobreestimular.
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Aplicar calor local antes de la extracción y frío después.
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Masajear suavemente en dirección al pezón.
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Usar hojas de repollo frías como medida antiinflamatoria.
Ante sospecha de mastitis, es fundamental contactar a tu equipo de salud, ya que puede ser necesario iniciar antibióticos u otros tratamientos.
¿Qué puedo hacer con mi leche extraída?
Además de la donación, algunas mujeres optan por guardar una pequeña cantidad de leche para elaborar recuerdos simbólicos, como joyas de leche u otros objetos conmemorativos. Si esta alternativa te hace sentido, es importante informarte previamente sobre la cantidad necesaria y el proceso de elaboración.
No existe una única forma correcta de atravesar este proceso. Escucharte, informarte y respetar tus tiempos es parte fundamental del cuidado en duelo.
¿Qué ocurre al volver a casa?
Luego del alta médica y de los primeros días tras la noticia de la muerte de un hijo o hija —y del desenlace propio de cada contexto— aparece otro gran desafío: volver a casa.
La casa es un espacio íntimo, desde donde saliste rumbo al hospital o clínica en un contexto no deseado, y al que inevitablemente hay que regresar. Es un lugar que suele traer con fuerza la presencia de lo que no fue, de las expectativas, los sueños y la vida que se imaginó.
Volver a casa muchas veces hace la pérdida más real. Es reencontrarse con la vida previa, con los objetos, los silencios y las rutinas que ahora se sienten distintas. Al mismo tiempo, y aunque pueda resultar doloroso, también puede ser el primer paso para comenzar a habitar una nueva forma de estar en el mundo.
Es frecuente que este regreso esté acompañado de una sensación de vacío, desorientación o extrañeza. Nada se siente igual. Sin embargo, con el tiempo y de manera muy gradual, ese espacio puede volver a sentirse propio. No como antes, sino como un nuevo lugar, acorde a quien eres hoy.
Las visitas y el cuidado de los límites
En este periodo, es posible que personas cercanas quieran visitarte o acompañarte. Para algunas madres y padres esto puede ser un gran sostén; para otros, puede resultar abrumador.
Cuidar tus espacios, tu energía y tus tiempos es fundamental. Poder decir que no también es una forma de cuidado. No tienes que responder expectativas ajenas ni cumplir con ritmos que no se sienten propios.
Los recuerdos y los objetos
En casa suelen quedar objetos, ropa, ecografías, cunas u otros recuerdos asociados a tu hijo o hija. Reencontrarte con ellos puede ser muy movilizante.
Algunas personas necesitan verlos, tocarlos y tenerlos cerca como una forma de conexión. Para otras, guardarlos por un tiempo —o pedir a alguien más que lo haga— resulta más protector. Ambas opciones son válidas.
No hay apuro. No existe un momento “correcto” para abrir cajas, revisar cosas o decidir qué hacer con ellas. Tu ritmo es el único que importa.
Para muchos padres y madres, estos objetos se transforman en verdaderos tesoros a los que recurren especialmente en las primeras etapas del duelo. Otros prefieren que no estén a la vista o deciden no conservarlos. No hay fórmulas ni caminos únicos.
En lo cotidiano: cuerpo, rutinas y primeros cuidados
Al volver a casa, no solo se procesa lo emocional. El cuerpo también sigue atravesando cambios importantes, especialmente si vienes de un parto, un procedimiento médico o de días intensos de hospitalización.
Puede ser útil considerar:
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Descansar todo lo posible, aunque el sueño sea irregular.
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Mantener una alimentación e hidratación básicas, sin exigencias.
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Seguir las indicaciones médicas respecto a sangrado, dolor, lactancia o medicación.
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Observar tu cuerpo y consultar si algo te preocupa, incluso si dudas.
En cuanto a las rutinas, es habitual sentir que el tiempo se desordena. Algunas personas necesitan estructura; otras, simplemente dejar pasar los días. Ambas formas son válidas. No es necesario “volver a la normalidad”. La normalidad cambió, y está bien ir descubriéndola paso a paso.
Si en este proceso sientes que necesitas apoyo adicional —emocional, psicológico o de acompañamiento especializado— pedir ayuda también es una forma de cuidado. No tienes que atravesar este momento en soledad.
Volver a casa no es solo regresar a un espacio físico; es iniciar un tránsito. Merece tiempo, contención y respeto por lo que estás viviendo.
¿Cómo abordar el duelo con los hermanos o hermanas mayores?
Una de las principales preocupaciones de madres y padres que tienen hijos e hijas mayores frente a la muerte de un bebé es cómo hablar de esta pérdida con ellos.
Aunque como adultos solemos intentar proteger a los niños y niñas de situaciones dolorosas, en este contexto dejarlos al margen puede generar más confusión y sufrimiento, y dificultar la elaboración de su propio duelo. Si bien existe la creencia de que los niños “no se dan cuenta”, es importante considerar que comprenden y perciben lo que ocurre a su alrededor incluso antes del desarrollo completo del lenguaje.
¿Por qué es importante hablarlo?
Aunque el niño o niña no haya sabido de la gestación, es muy probable que perciba cambios en el ambiente: tristeza, llanto, silencios o tensiones. Cuando no cuentan con información, los niños intentan darle sentido a lo que ocurre por sí mismos, lo que puede generar fantasías, miedos o sentimientos de culpa.
Además, cuando evitamos hablar del tema, el mensaje implícito puede ser que hay cosas que no se pueden nombrar ni compartir. En cambio, incluirlos de manera respetuosa y acorde a su edad les permite comprender, sentirse parte y elaborar lo vivido de forma más saludable.
Hablar del duelo con los niños y niñas implica:
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Entregar información clara y adecuada a su edad.
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Poner nombre a las emociones propias y permitir la expresión emocional.
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Validar sus preguntas, silencios y reacciones.
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Acompañarlos en espacios de recuerdo y despedida familiar.
La importancia de los rituales
Hacer partícipes a los niños y niñas de rituales familiares —cuando esto se sienta adecuado— suele ayudarlos a concretar lo ocurrido y comprender mejor la ausencia. Estos espacios favorecen conversaciones espontáneas y permiten aclarar dudas que pueden ir surgiendo con el tiempo.
¿Cómo comunicar la muerte?
Es importante que el mensaje sea claro, sincero y breve, evitando explicaciones excesivamente largas. Las metáforas, aunque bien intencionadas, pueden resultar confusas, especialmente en niños pequeños.
Antes de los 6 años aproximadamente, muchos niños no comprenden completamente el concepto de muerte, por lo que es necesario explicar que morir significa que el cuerpo deja de funcionar y que no vuelve a vivir.
Por ejemplo:
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Decir que el bebé “se quedó dormido” puede generar miedo a dormir o la expectativa de que despierte.
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Decir que el bebé “se perdió” puede llevar a pensar que puede volver o que perderse implica morir.
Responder con honestidad y sencillez ayuda a generar seguridad.
Es importante saber que las preguntas no siempre aparecen de inmediato. Muchas veces surgen de forma gradual, en distintos momentos, y pueden repetirse. Esto es parte natural del proceso.
El entorno cotidiano
Si tu hijo o hija asiste a jardín infantil, colegio o está al cuidado de otros adultos, es recomendable informarles lo ocurrido, para que puedan acompañarlo, estar atentos a cambios en su comportamiento y apoyar si necesita conversar con sus pares.
Existen además libros y recursos infantiles que pueden ser de gran ayuda para explicar la muerte y el duelo, especialmente durante las primeras semanas.
En niños y niñas más grandes
En niños mayores, el duelo puede manifestarse de distintas formas: expresar que extrañan al bebé, mostrar mayor demanda afectiva, cambios en el sueño, en la conducta o en la rutina nocturna. También pueden percibir a sus padres más tristes o distantes, lo que puede generar inseguridad.
Si estas reacciones se vuelven difíciles de manejar o generan preocupación, solicitar acompañamiento terapéutico es una herramienta de cuidado, tanto para el niño o niña como para toda la familia.
No existe una única manera correcta de acompañar el duelo infantil. Escuchar, observar y estar disponibles emocionalmente es, muchas veces, lo más importante.
Información para familiares, amigas y amigos
La noticia de la llegada de un bebé a la familia o al círculo cercano suele generar ilusión y expectativas no solo en los padres, sino también en quienes los rodean. Frente a un embarazo deseado, muchas personas comienzan a imaginar cómo será recibir a ese nuevo ser.
Pero ¿qué ocurre cuando ese embarazo no llega a término o cuando se recibe la noticia de que no es compatible con la vida?
En estos casos, el impacto no es solo para madres y padres. El entorno también se ve enfrentado a una situación inesperada y dolorosa. Muchas veces, por no saber qué decir o cómo actuar, aparece el silencio. Otras veces se evita el tema por temor a “hacerlos sentir peor”. Sin embargo, en general, estas reacciones tienen más que ver con la incomodidad frente al dolor ajeno que con un real cuidado de quienes están viviendo la pérdida.
A continuación, compartimos algunas orientaciones generales para acompañar de manera respetuosa y cuidadosa.
Algunas recomendaciones para acompañar
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No desaparezcas.
Si estuviste presente durante el embarazo, tu presencia sigue siendo importante. Aun cuando no sepas qué decir o cómo estar, eso ya es suficiente. Puedes incluso decirlo explícitamente:
“No sé qué necesitas en este momento, pero aquí estoy para ti.” -
Respeta los tiempos, decisiones y espacios.
Cada persona vive este proceso de forma distinta. Lo que es adecuado o necesario no lo define quien acompaña, sino quien está atravesando el duelo. -
Disponte a escuchar y a sostener.
El dolor es parte integral de este proceso. Intentar “hacer como si nada hubiera pasado” no distrae ni protege; muchas veces hiere. Habrá momentos en que no querrán hablar y otros en que sí. Ambas cosas son normales. -
No fuerces situaciones difíciles.
Reuniones sociales, celebraciones o fechas significativas (Día de la Madre, Navidad, Año Nuevo, cumpleaños) pueden resultar especialmente complejas. También puede ser difícil, por un tiempo, ver a otros bebés o personas embarazadas. Esto es esperable y merece respeto. -
Ayuda en lo concreto.
Independiente de la edad gestacional en la que ocurrió la muerte, el posparto existe y requiere cuidados. Llevar comida preparada, ayudar con tareas cotidianas o colaborar en el cuidado de otros hijos e hijas, si los hay, suele ser un apoyo muy valioso. -
Recuérdales que no están solos.
Aunque necesiten momentos de soledad, saber que hay alguien disponible, sin exigir ni presionar, puede ser profundamente reparador.
Frases que es mejor evitar
Muchas frases nacen desde la intención de aliviar, pero terminan generando más dolor o incomprensión. Algunas de ellas son:
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“Son jóvenes, pueden intentarlo otra vez.”
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“La naturaleza es sabia.”
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“Dios sabe por qué hace las cosas.”
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“Te ganaste un angelito.”
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“Tu hijo o hija no quiere verte triste.”
Estas expresiones suelen minimizar la pérdida o apresurar un alivio que no es posible en este momento. Acompañar no implica buscar consuelo inmediato, sino validar el dolor y respetar el proceso.
A veces, estar disponibles, escuchar y sostener en silencio es la forma más profunda de cuidado.